TRANSLATIONS - Entre La Compulsión De Repetición Y La Repetición Trasferencial
Sin embargo, a partir de la comprensión obtenida por medio de procesos traumáticos, sueños y situaciones de trasferencia en análisis, que evidenciaron la compulsión a repetir experiencias de las cuales era imposible derivar placer, y que jamás podrían haber proporcionado satisfacción pulsional en el pasado, se hizo difícil mantener la hipótesis, aun como forma de solución de compromiso, de la realización de un deseo reprimido. Así, si antes el traumatismo había sido concebido como lo experimentado como “cuerpo extraño” (1895),27 en “Más allá del principio...” está propuesto como una relación entre cantidades que ingresan y la incapacidad de ligazón (Bindung) en el interior del sistema en cuestión. Cuando Freud observa que las inflexiones de la técnica se habrían vuelto inoperantes ante un “hecho nuevo” – o sea, el descubrimiento de que la compulsión de repetición también “rememora” experiencias del pasado que no incluyen ninguna posibilidad de placer –, es llevado a preguntarse si en ciertos casos “hasta ese momento, el aparato anímico tendría la tarea previa de dominar o ligar la excitación, desde luego que no en oposición al principio del placer, pero independiente de él y en parte sin tomarlo en cuenta”.28 Es en esa medida que en“El problema económico del masoquismo” (1924), Freud diferencia los dos princípios aqui implicados, el princípio del placer y el principio de Nirvana, que expresa la tendencia de la pulsión de muerte.

“...Deberíamos percatarnos”, dice Freud, “de que el principio de Nirvana, súbdito de la pulsión de muerte, ha experimentado en el ser vivo una modificación por la cual devino principio de placer; y en lo sucesivo tendríamos que evitar considerar a esos dos principios como uno solo. (…) No resultará difícil colegir el poder del que partió tal modificación. Sólo pudo ser la pulsión de vida, la libido, la que de tal modo se conquistó un lugar junto a la pulsión de muerte en la regulación de los procesos vitales. Así, (…) el principio de Nirvana expresa la tendencia de la pulsión de muerte; el principio del placer subroga la exigencia de la libido...”.29

Pero todavía en 1920, Freud se preguntaba de qué forma ese predicado de ser “pulsional” estaría relacionado con la compulsión de repetición, afirmando que “estamos sobre la pista de un carácter universal de las  pulsiones (...) y quizá de toda vida orgánica en general. Una pulsión sería entonces un esfuerzo, inherente a lo orgánico vivo, de reproducción de un estado anterior...”30 Así, la compulsión de repetición anunciaría la tendencia general del organismo, no sólo de reducir la excitación vital interna, sino también a retornar a un estado primitivo, no-organizado, característico de ese movimiento pulsional que tiende a  restaurar un estado anterior de  cosas. Luiz Alfredo Garcia-Roza sugiere que:

“lo que hay inicialmente es una superficie corporal sobre la cual el diferencial placer-displacer se hará con absoluta independencia de cualquier principio organizador. Así, no es el principio de placer lo que funda el placer, sino que por el contrario, es el placer lo que se erigirá en principio. El pasaje del placer entendido como proceso psicológico para el placer entendido como principio se daría en función de la ligazón (Bindung), esto es, por una contención al libre flujo de las excitaciones, transformando el estado de pura dispersión en estado de integración (transformación de energía libre en energía ligada). Ese estado de pura dispersión de excitaciones, anterior a la instauración del principio de placer y de su complementario, el principio de realidad, es evidentemente un estado hipotético y que sólo puede ser pensado recurrentemente. Es a partir del aparato psíquico ya constituído que Freud piensa ese estadio inicial anárquico”.31

Es así que en “Mas allá del principio…” el dualismo pulsional se establece, definitivamente, entre pulsiones de vida y pulsiones de muerte. La meta de la pulsión de vida, o Eros, es producir unidades cada vez mayores, y así conservarlas, mientras que la meta de la pulsión de muerte es, por el contrario, disolver nexos, y así destruir las cosas del mundo, siendo su objetivo último llevar a cero o por lo menos reducir al máximo posible toda la cantidad de excitación de origen externa o interna. En efecto, aquello que está destinado a la compulsión de repetición es lo que no logra ligarse, lo que no obtiene órdenes de significación estructurantes, o sea, aquello que insiste bajo el modo de la pulsión de muerte.
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27 Freud, Sigmund. (1893-1895) Estudios sobre la histeria. A.E., Vol. II.

27 Freud, Sigmund. (1920) op. cit., p. 35.

29 Freud, Sigmund. (1924) El problema económico del masoquismo. A.E., Vol. XIX, p. 166. 

30 Freud, Sigmund. (1920) op. cit., p. 36.

31 Garcia-Roza, Luiz Alfredo. Acaso e repetição em psicanálise. Rio de Janeiro, Jorge Zahar, 1987, p. 47.