TRANSLATIONS - Entre La Compulsión De Repetición Y La Repetición Trasferencial
Freud observa que la resistencia estará siempre presente, independientemente del método terapéutico, siempre que se establezca con el paciente una relación en que se pretenda producir una transformación psíquica. Agrega que el tema de la trasferencia no debe dejarse entrever mientras las “comunicaciones” del paciente fluyen sin ninguna obstrucción – deberemos esperar hasta que la trasferencia se haya convertido en resistencia.

Así es que, en los años 1912 y 1913, las fuentes de resistencia son consideradas como dobles: en el momento en que el psicoanalista se aproxima a las zonas donde se esconde la libido introvertida, las fuerzas que determinan la regresión se sublevan contra sus esfuerzos. Sin embargo, la fuente mas potente de resistencia está ligada a la atracción del inconciente: la libido a disposición de la psique sufre atracción por parte de los complejos que pertenecen al inconciente, en la medida en que disminuye la atracción de la realidad. De este modo, “cada pensamiento, cada acto mental del paciente, es un compromiso entre las fuerzas que propulsan el tratamiento y las fuerzas movilizadas para oponerse a él”.14 Para Freud, la distinción entre salud mental y neurosis depende de la dimensión relativa entre la cantidad de energía que permanece libre y aquella ligada por la represión; la distinción será, entonces, de naturaleza cuantitativa, y no cualitativa.

El término “psicoanálisis” tendrá, con todo, una especificidad: sólo merecerá ese nombre el tratamiento analítico en el cual la intensidad de la trasferencia sea utilizada para la superación de las resistencias. Por la movilización de las intensidades disponibles para la trasferencia, el tratamiento obtiene las energías necesarias para superar las resistencias, “y mediante las comunicaciones oportunas muestra al enfermo los caminos por los cuales debe guiar esas energías”.15 La trasferencia asume, entonces, una forma de operar  distinta de la “sugestión” – no es suficiente remover los sintomas sólo mientras la “sugestión” perdure; es necesario que el analista ponga en movimiento un proceso, el proceso de levantamiento de la represión (Verdrängung).

Hacia 1914, aunque el objetivo terapéutico sea todavía – descriptivamente – el de llenar las lagunas mnémicas y – dinámicamente – superar las resistencias oriundas de la represión, Freud ya había abandonado la tentativa de enfocar un momento o problema específicos. A partir de ello, él estudia todo lo que se encuentra presente, y emplea la interpretación para identificar las resistencias que allí aparecen y hacerlas conscientes al paciente. “De las reacciones de repetición, que se muestran en la trasferencia, los caminos consabidos llevan luego al despertar de los recuerdos, que, vencidas las resistencias, sobrevienen con facilidad”.16

Es así que la insistencia repetitiva del inconciente sólo podrá ser neutralizada – parcialmente – mediante la elaboración. La interpretación, más allá de su efecto puntual, implica un proceso de elaboración. Supone, entonces, un trabajo de diferenciación y de reorganización de las investiduras objetales, ya que, al operar un desplazamiento en relación a la causalidad, la interpretación reorganizará el campo de significación.

Pero va a ser en “Recordar, repetir y reelaborar” (1914) donde Freud menciona por primera vez – y de forma mucho mas generalizada que aquella que pasará a desempeñar a partir de la introducción del último dualismo pulsional (pulsiones de vida y pulsiones de muerte) –, el concepto de compulsión de repetición. La noción de compulsión de repetición se vincula, en ese momento, con el recordar, las resistencias y la trasferencia. Aunque ya hemos encontrado una mención al fenómeno en “Sobre la dinámica de la trasferencia” (1912), frente a la observación freudiana de que “las mociones inconcientes no quieren ser recordadas, como la cura lo desea, sino que aspiran a reproducirse en consonancia con la atemporalidad y la capacidad de alucinación de lo inconciente (…), (ya que) el enfermo atribuye condición presente y realidad objetiva a los resultados del despertar de sus mociones inconcientes”,17 será solamente en “Recordar…” que Freud desarrollará esas ideas. Al recordar el “deliciosamente calmo curso de los acontecimientos” que se daba en los tratamientos hipnóticos, Freud constata que muy poco o, con frecuencia, nada queda de estos. Se depara, entonces, a diferencia de aquellos casos en que “el paciente se trasladaba a una situación anterior, que no parecía confundir nunca con la situación presente, comunicaba los procesos psíquicos de ella hasta donde habían permanecido normales”,18 con aquellos otros casos en que “el analizado no recuerda, en general, nada de lo olvidado y reprimido, sino que lo actúa. No lo reproduce como recuerdo, sino como acción; lo repite, sin saber, desde luego, que lo hace”. En otras palabras, “el analizado no refiere acordarse de haber sido desafiante e incrédulo frente a la autoridad de los padres; en cambio, se comporta de esa manera frente al médico”. Freud es claro respecto a esto: “durante el lapso que permanezca en tratamiento no se liberará de esta compulsión de repetición; uno comprende, al fin, que esta es su manera de  recordar”.19
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14 Lagache, Daniel. (1990) op. cit., p. 19.

15 Freud, Sigmund. (1913) Sobre la iniciación del tratamiento. A.E.,Vol. XII, p. 143. 

16 Freud, Sigmund. (1914) op. cit., p. 156.

17 Freud, Sigmund. (1912) op. cit., p. 105.

18 Freud, Sigmund. (1914) op. cit., p. 150.

19 Ibid., p. 152.