TRANSLATIONS - Entre La Compulsión De Repetición Y La Repetición Trasferencial
II. Trasferencia y repetición trasferencial

Si, en efecto, la trasferencia fue, desde tiempos psicoanalíticos e inmemoriales, la cruz y la espada freudiana, y fue Freud quien ofreció a sus pacientes una teoría psicoanalítica cuyo principio es el engendramiento constante de la situación; y en cada tratamiento es la puesta en marcha del síntoma como teoría de  sí desconocida por el sujeto. “La trasferencia misma es sólo una pieza de repetición, y la repetición es la trasferencia del pasado olvidado; pero no sólo sobre el médico: también sobre todos los otros ámbitos de la situación presente”.

En esa medida, fue a partir de tener en cuenta la repetición – o sea, en vez de decir y simbolizar, los pacientes actúan, aunque utilizando la vía de las palabras – que el modo de considerar el fenómeno de la trasferencia, en la teoría y en la técnica, se modificó. Como observó Freud, en “Repetir, recordar y reelaborar” (1914), aprendemos que “el analizado repite en vez de recordar, y repite bajo las condiciones de la resistencia. (…) Repite todo cuanto desde las fuentes de su reprimido ya se ha abierto paso hasta su ser manifiesto: sus inhibiciones y actitudes inviables, sus rasgos patológicos de caracter. Y, además, durante el tratamiento repite todos sus síntomas”.8

Sin embargo, fue en “Sobre la dinámica de la trasferencia”(1912), que Freud hizo un examen teórico del fenómeno de la trasferencia y de la forma como opera en el tratamiento, así como del papel que desempeña en el análisis. Así, todo sujeto encuentra un método específico de manejarse en la vida erótica, o sea, “para las condiciones de amor que establecerá y las pulsiones que satisfará, así como para las metas que habrá de fijarse”. Además, su capacidad de amar será expresada en la constante reimpresión, o repetición perpetua de aquello que podríamos describir como un cliché o estereotipo (o varios) – lo que determinará las condiciones de esa capacidad amorosa, así como las necesidades y los objetivos a que ella responde. Ese cliché o estereotipo será, entonces, el resultado de la interacción de las disposiciones constitucionales y “de las influencias sufridas durante los primeros años”. En esa medida, las tendencias libidinales satisfechas se vuelven hacia la realidad, mientras que las tendencias libidinales frustradas no se desarrollan, o encuentran una salida en la imaginación o permanecen a la expectativa, enterradas en el inconciente.

Desde el momento en que la necesidad de amar no se encuentra enteramente satisfecha por la realidad, es cierto que las tendencias libidinales a la expectativa serán despertadas al entrar en contacto con un nuevo objeto. Una investidura anticipadamente disponible será dirigida también hacia la figura del analista: “De acuerdo con nuestra premisa”, dice Freud, “esa investidura se atendrá a modelos, se anudará a uno de los clisés preexistentes en la persona en cuestión”.9 Es de ese modo como la investidura incluirá al analista en una de las “series psíquicas” que el paciente haya formado hasta el momento. Es probable, entonces, que tanto la libido capaz de hacerse conciente como la inconciente participen de esta actitud. Como destaca Daniel Lagache en La trasferencia,10Freud recurre implícitamente a la secuencia fijación, frustración, regresión para explicar ese fenómeno.

Siendo así, va a ser por medio del movimiento regresivo por el cual el sujeto busca satisfacer sus pulsiones – “obstaculizando” así parcialmente el proceso analítico – que se revelarán, al mismo tiempo, las marcas constitutivas del sujeto. No existe estado amoroso que no reproduzca prototipos infantiles, y es precisamente de esta determinación infantil que él recibe su carácter compulsivo, bordeando el límite, a la manera de lo patológico. En la medida en que lo que se repite es, entonces, lo que escapa de la representación, de la escena representada y figurada, la repetición trasferencial es un hacer11 y no un decir, o entonces, un decir que es hacer, como dice Jean-Bertrand Pontalis: “La verdadera repetición, en sentido freudiano, que la trasferencia provoca, es lo que escapa de la representación”.12 La repetición trasferencial será, así, el testimonio actual del mundo fantasmático del analizado, cuyos objetos investirán al analista.

La repetición trasferencial asume, entonces, el carácter de la forma básica en que se realiza el proceso defensivo: “Si algo del material del complejo (...) es apropiado para ser trasferido sobre la persona del médico, esta trasferencia se produce, da por resultado la ocurrencia inmediata y se anuncia mediante los indicios de una resistencia – p. ej., mediante una detención de las ocurrencias. De esta experiencia inferimos que la idea trasferencial ha irrumpido hasta la conciencia a expensas de todas las otras posibilidades de ocurrencia porque presta acatamiento también a la resistencia”.13
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8 Freud, Sigmund. (1914) Repetir, recordar y reelaborar. In: Freud, Sigmund. Sigmund Freud Obras Completas. Buenos Aires, Amorrortu editores (A.E.), Vol. XII, 1987, p. 152; p. 153.

9 Freud, Sigmund. (1912) La dinámica da transferência. A.E., Vol. XII, p. 97; p.98.

10 Lagache, Daniel. (1980) A transferência. São Paulo, Martins Fontes, 1990, p. 18.

11 Nota de traducción: no existe, en castellano, un término parecido al verbo “agir”, en portugués, homofónico con “agieren”, de origen latino, por otra parte, no corriente en lengua alemana, según el Diccionario de Psicoanálisis (1967), de Jean Laplanche y Jean-Bertrand Pontalis. Las opciones de traducción serian: “actuar” o “hacer”. Considero que la autora juega, en su texto con esa diferencia, en portugués, entre “agir” y “fazer”, de que se vale inmediatamente. No fue posible reproducir ese juego en castellano.

12 Pontalis, Jean-Bertrand. (1990) A estranheza da transferência. In: Pontalis, Jean-Bertrand. (1990) A força de atração. Rio de Janeiro, Jorge Zahar, 1991, p. 88.

13 Freud, Sigmund. (1912) op. cit., p. 101.