Los tests de Rodrigo se desarrollan sin problemas. Ejecuta con destreza la batería de tests, corresponde a las expectativas para su edad, y aparentemente no está sobrecargado con las expectativas parentales: o sea, Rodrigo es el mejor, y parece, hasta ahora, ocupar razonablemente bien el lugar que le fue reservado. La expectativa de los padres es que el resultado del QI de Rodrigo esté por encima de la media. En efecto, cometo un error de puntaje y el resultado inicial de Rodrigo resulta superior a la media.
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La expectativa de los padres de Gabriel es de que sus resultados den por debajo/o en la media. Gabriel se angustia mucho al hacer los tests, quiere terminar en seguida, no realiza las tareas con tranquilidad. Entre un test y otro, se fractura el brazo. Parece temer el fantasma parental: para que Rodrigo pueda ser lo máximo, Gabriel necesita ser el mínimo. Aunque muy bueno para los deportes, organizado, éste no es un lugar valorizado por sus padres. Gabriel es bueno para los deportes porque no es tan inteligente como Rodrigo, porque todavía no aprendió a leer, porque es el peor del grado, dicen papito y mamita. Durante una de sus sesiones, jugando a “Gabriel puede saber”, dice que es la mamá quien no le deja saber, que Rodrigo es siempre el primero, que le saca todo.
Gabriel obtiene la media en los resultados de los tests. Gabriel es un niño normal. Así como Rodrigo, es un lindo niño. Con los ojitos brillando, se sorprende que estén comenzando a mirarlo de manera diferente. Desconfiada de los resultados de Rodrigo, re-evalúo sus tests, corrijo el puntaje. Los resultados correctos se ubican en la media, así como los de su hermano.
La configuración familiar empieza a moverse con los resultados de los tests. “Sorprendidos”, el padre y la madre tienen que hacer frente al hecho de que los resultados de los tests de sus hijos no son tan divergentes. Gabriel, a fin de cuentas, es un niño normal, así como Rodrigo. Gabriel, mientras tanto, da voz a algo que no puede ser dicho, su síntoma es su dificultad de aprendizaje, “Gabriel no puede saber, Gabriel no puede crecer”. Se configuran, en las relaciones familiares, lugares escindidos del orden de lo bueno y de lo malo, de lo satisfactorio y de lo insatisfactorio, de lo inteligente y de lo atrasado, de lo bonito y de lo feo, de lo capaz y de lo incapaz, de lo que puede saber y de lo que no puede saber, de lo que puede crecer y de lo que no puede crecer.
Diríamos que los niños acostumbran a producir síntomas en aquellos lugares en que se hacen insoportables para sus padres. A Gabriel le está destinado el lugar de quien no puede saber, el lugar de quien no puede crecer. ¿El lugar de quien no puede ser?, me pregunto. ¿De qué se trata cuando nos referimos a Renato y Roberta? De antemano, podemos sospechar que se trata, sí, de algo que es del orden de lo insoportable, “algo” que no obtiene órdenes de significación estructurantes.
¿Qué es lo que yo, entonces, debería certificar? La demanda de los padres parecería ser el de mantener esta escisión a cualquier costo. Los hijos representan el clivaje: el hijo deseado y el hijo no deseado, el deseo de tener hijos y el deseo de no tener hijos.
La última sesión antes de las vacaciones está permeada por una cierta formalidad, un silencio... Roberta se despide diciendo que ahora desea pensar sobre su vida, descubrir lo que quiere hacer, en qué desea trabajar, ya que dejarían de viajar al extranjero. Roberta pide derivación para un análisis individual. Sabemos que será a través de la asociación libre en el interior de un análisis que Roberta podrá acceder a las determinciones deseantes que la rigen.
Renato, ensimismado en sus negocios, se siente más cercano a Gabriel, comienza a atender más a este hijo excluído. Mientras tanto, en cierto momento de la sesión, comentan,
en passant, que Roberta había abortado unos días atrás. Aborto: aquello que del orden de lo no simbolizado es puesto en acto. Aborto: Roberta dice haber hecho aquello que Renato deseaba, y Renato deseaba no tener ese hijo. Roberta no sabe muy bien acerca de su deseo.
7 En el transcurso del tratamiento se confirmó que este “error” fue un elemento trasferencial que posibilitó la comprensión y marcha del caso.