Recordemos, rápidamente, el método clásico de análisis de las psiconeurosis: un método extractivo, técnica de la interpretación, levantamiento de la represión. El retorno de lo reprimido se realiza, entonces, por medio de la libre asociación impuesta por la regla fundamental. Solo podría tener por objeto los elementos que ya tengan sufrido la represión sedundaria o propiamente dicho, aquel del
a posteriori (
Nachdrängen), como conjunto consciente o preconsciente habiendo adquirido, en el transcurso de la historia del sujeto, estructuración suficiente para haberse inscripto en un cuadro memorial. Se trata, así, de hacer circular los fantasmas inconscientes que determinan el complejo sintomático y lograr su perlaboración en el pre-consciente.
Así, lo que está efectivamente en causa en la primera tópica es una teoría de los lugares psíquicos (tópica) en la cual la represión primaria, primer momento de la operación de represión, va a fundar la división entre los sistemas incosnciente, pre-consciente, consciente. Sin duda, las premisas que determinan el método implican generar las bases para que se instaure lo que llamamos cura, ofreciendo parámetro para seguir sus movimientos.
En esta medida, si la primera tópica intenta destacar diferentes modalidades de representación psíquica – inconsciente, pre-consciente y consciente –, la segunda tópica intenta agregar al campo de las representaciones el registro de las intensidades transferenciales en el cual la pulsión es concebida en el registro de la fuerza como exigencia de trabajo. Se hace necesario, entonces, constituir destinos posibles para las fuerzas pulsionales, ordenando circuitos e inscribiendo la pulsión en el registro de la simbolización.
Así, cuando el psicoanálisis se enfrenta con la existencia de marcas que se encuentran en los límites del sentido y de lo representable, la estrategia del desciframiento es considerada insuficiente para el trabajo analítico. Es este el momento en que la estrategia de la “construcción” va a adquirir un significado fundamental y se constituirá como una operación, aunque complementaria al uso de la interpretación, imprescindible al trabajo analítico.
Es en ese sentido que va a ser lugar y función del analista posibilitar, junto con el analizando, este trabajo de ligazón de aquello que está destinado a la compulsión a la repetición, de aquello que insiste bajo el modo de la pulsión de muerte, proporcionando, entonces, que lo mismo que es del orden de la presentación (
Darstellung), ubicado en primer plano de la experiencia psíquica, tenga su pasaje al registro de la representación (
Vorstellung) facilitada.
Vale la pena escribir para llegar a desconocerse24
Sin duda, la concepción del sujeto (del inconsciente) como destino de las pulsiones, cuando son entendidas en el registro de la fuerza como exigencia de trabajo, va a ser lo que posibilitará que pensemos en el acto de creación, de la escritura, como creación de un sujeto, como lugar psíquico de constitución de subjetividad.
También Kovadloff sugiere que toda obra es autobiográfica, en la medida en que exprese con propiedad las tensiones derivadas del contacto con las oscilaciones entre la certeza y la incerteza de ser. Las metáforas de un escritor, sus temas, le servirán para realizar este desplazamiento del campo de lo inequívoco para el campo de la ambiguedad. Dicho una vez mas, el acto creativo sería la creación de un sujeto. Borges ya nos había llamado la atención sobre la manera por la cual los textos “lo escribían”, al revés de lo contrario – “yo vivo, me dejo vivir, para que Borges pueda hacer la trama de su litertura y esa literatura me justifica”.
Se pregunta Kovadloff: “¿qué es hablar o escribir con propiedad? ...Escribir con propiedad significa poder poner en escena la particular intensidad con que uno vive el acceso al fecundo y renovado desconocimiento de sí mismo y del mundo. Un poema verdaderamente logrado jamás opera como espejo. El autor no lo reconocerá si al verlo puede decir éste soy el yo que conozco sino que lo reconocerá sólo si puede decir: el desconocido que ha creado este texto también soy yo. La obra que desmiente la familiaridad de los contenidos que nos adjudicamos restablece, aunque sea por un momento, el contacto con nuestra propia imponderabilidad”
25. Es en esa medida que también la escritura borgiana puede ser entendida como lugar psíquico de constitución de subjetividad.
Sabemos, sin duda, que la constitución del sujeto implica asumir una deuda frente ao otro sin lo cual el sujeto no tendría condiciones de existir, ya que no es causa de si mismo, pudiendo advenir únicamente a partir del otro. Entondes, al valerse de la figura del doble, aqui entendida como un elemento operador con la función de mediador “entre” el mismo “y” el otro, Borges creo un dispositivo para si mismo que permitió, sí, que el autor pudiese, mas allá de borrar la imagen paterna, incorporar sus antepasados, herencias familiares y literarias de modo de establecer un diálogo creador con su propia escritura.
Si al interpretar el circuito autoerótico – necesario – que se instaura en los momentos de compulsión a al repetición en el interior de un análisis, el analista remite a su analizando al encuentro con la alteridad, al valerse de su juego de espejos, lugar de esa relación de límite “entre” mismo “y” diferente, Borges está permanentemente lanzándose a si mismo, escritor, y a sus lectores, al encuentro de la alteridad.
Desconocerse y conocerse, desconocerse y conocerse, una vez mas, tanto por medio de la experiencia psicoanalítica, cuanto por medio de la escritura, implica la posibilidad de entrar en contacto con nuestra propia imponderabilidad, ampliando así el paisaje de nuestras memorias. Si la jornada de “Georgie” a Borges fue larga, como resalta Woodall, no menos trabajoso fue el recorrido de “Sigismund Schlomo Freud” a Sigmund Freud.
24 Aunque haya adelantado tal formulación anteriormente (1985), dicha por un escritor (cf. Santiago Kovadloff) adquire estatuto de testimonio.
25 Kovadloff, Santiago. (1991) op. cit., p. 101.