La proyección mimética del mismo, el doble y la alteridad
Veamos: la idea de que todo hombre es también otro hombre, o también todos los hombres, es sólo fundador de la mayor parte de las obras de Borges. Eneida Maria de Souza entiende que en la superficie textual, tenue y escurridiza, en la cual conviven autores, personajes, citaciones, reflejos y reflejos de la escritura ajena, es imposible considerar la escritura borgiana como texto singular y marca registrada de su trazo individual. Sin embargo, la formulación anterior se explicita cuando comprendemos que Souza considera que “la imagen del Otro que lo habita (a Borges) se enmascara con textos y coautores, los cuales, juntamente con Borges porducen una obra a mil y una manos”.
De acuerdo con la ensayista, el destino de escritor, heredado por Borges de su padre, Jorge Borges, se cumple por medio de la manifestación de la presencia de un culto paradojal que “traduce, al mismo tiempo, la tentativa de borrar la imagen paterna, un parricidio inconsciente, y el refuerzo de esta imagen, el fantasma del Otro que le marca el destino de escritor, desde el momento en que ambos, padre e hijo, pasaron por la experiencia de la ceguera y de la noche”
12. Souza también ubica la ocupación de Borges con al actividad de lectura, un espacio aquí privilegiado que se convierte en el simulacro del acto de escribir y de vivir, como una forma de negación de la paternidad y de la propiedad de sus escritos.
Para Santiago Kovadloff, sin embargo, todo acto de admiración por los grandes autores del pasado que no sea un diálogo que traiga consigo una crítica sensible, sería un acto de servilismo. “No se trata de creer que vamos a superar a nuestros mayores, se trata de entender que sólo los podemos heredar si los incorporamos al diálogo creador con nuestro próprio trabajo”
13, sugiere Kovadloff en ensayo acerca de la escritura como experiencia del acto creativo.
En verdad, el mundo ficcional de Borges se basa en la idea del arte como ilusión. Fundamentalmente, alude al hecho de que es imposible ser un escritor original en el siglo XX y, por sobre todo, que lo inalcanzable es lo real, aún por medio del lenguaje. En otras palabras, la realidad es dudosa e incierta; el universo es una unidad total en la cual la individualidad es mera ilusión. Así, al confundir los límites entre la realidad y las abstracciones absolutas, lo individual y lo genérico, Borges ampliará el campo de sus historias para “incluir” a todos los hombres.
El lenguaje es también “una tradición, un modo de captar la realidad, no un sistema arbitrario de símbolos”
14, por lo tanto “en una historia deberíamos trabajar la idea de no estar seguros de todas las cosas, porque así es la realidad”
15, dirá Borges. Kovadloff también sugiere que uno de los mensajes esenciales de la literatura consistiría en decir que nada cabría definitivamente en la palabra y que, siendo así, sería imprescindible volver a decir. “Precisamente porque la palabra no puede dar cuenta del objeto, el sujeto puede ser; puede ser en tanto se libera de los significados cristalizados que se autoproponenen como poseedores plenos de un sentido igualmente pleno”
16. Pero, al mismo tiempo que las cosas son inalcanzables por el arte, estamos incesantemente creando estructuras de palabras, metáforas, imágenes, y como tal, Borges cree que este mundo pueda ser tan digno de elogios y real cuanto el de las cosas.
Anteriormente adelanté la idea de que, en la narrativa borgiana, la realidad se hace igual a la relación problemática entre los mundos real y ficcional. Su principal objetivo es confundir las fronteras entre realidad y sueño, entre realidad y ficción. Va a ser exactamente esto lo que permitirá al hombre, como lo hace Borges, crear su propia realidad de acuerdo con las leyes que eventualmente concozca.
12 Souza, Eneida Maria de. Traço crítico: ensaios. Belo Horizonte/ Rio de Janeiro, Ed. UFMG/ Ed. UFRJ, 1993, p. 102 e p. 104.
13 Kovadloff, Santiago. (1991) op. cit., p. 102.
14 Borges, Jorge Luis. (1972) The gold of the tigers. New York, E. P. Dutton, 1977, p. 8.
15 Citado en Shaw, D. L. Borges: ficciones. Grant & Cutler, 1976, p. 71.
16 Kovadloff, Santiago. (1991) op. cit., p. 98.